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Pantallas en las escuelas: entre prohibir, educar y acompañar

El debate sobre las pantallas en las escuelas va más allá de prohibir celulares. La SEP impulsa lineamientos para promover un uso seguro y pedagógico de la tecnología, ante preocupaciones sobre atención, convivencia y riesgos digitales. El desafío está en combinar límites claros, educación digital y acompañamiento de familias y docentes.

Equipo CAVDUX · 20 de septiembre de 2026

Pantallas en las escuelas: entre prohibir, educar y acompañar

La presencia de celulares, redes sociales e inteligencia artificial en las aulas ha abierto una discusión que ya no puede reducirse a decidir si los dispositivos deben estar permitidos o prohibidos. El verdadero reto es aprender a convivir con una tecnología que ofrece oportunidades educativas, pero también puede afectar la atención, la convivencia y el bienestar de los estudiantes.

La SEP trabaja durante 2026 en un acuerdo nacional sobre el acceso y uso de celulares y pantallas en las escuelas. En una consulta realizada a 565 mil 396 docentes de educación básica, 81% se manifestó a favor de contar con lineamientos para un uso seguro y pedagógico. Además, 40% señaló dificultades para mantener la atención y 38.7% advirtió que conflictos originados en redes sociales terminan trasladándose al aula.

La respuesta, sin embargo, difícilmente puede limitarse a retirar teléfonos. Educar implica formar criterio para saber cuándo utilizar una herramienta, cuándo dejarla de lado y cómo reconocer los riesgos asociados con la vida digital. La propia SEP ha planteado la necesidad de construir una ciudadanía digital en la que la tecnología fortalezca, y no sustituya, el pensamiento crítico.

También aparece una tercera dimensión: acompañar. Familias y escuelas comparten una responsabilidad que no termina al establecer horarios o restricciones. Los menores necesitan adultos capaces de conversar sobre redes sociales, privacidad, inteligencia artificial, ciberacoso y hábitos digitales.

El desafío consiste, por tanto, en encontrar equilibrio: límites claros, educación responsable y acompañamiento cercano. La escuela no puede ignorar las pantallas, pero tampoco permitir que ellas determinen la manera en que los jóvenes aprenden, conviven y construyen su identidad.

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